lunes, 29 de agosto de 2016

Probando Jamón

Durante mis algo mas de veinticinco años practicando deporte, he podido conocer a multitud de deportistas de todos tipos y clases. Me he encontrado y compartido entrenamientos con iniciados entusiastas que se dejaban las yemas de dedos en la pared, he disfrutado del talento de algunos de los mejores escaladores del mundo, he rodado kilómetros con profesionales del ciclismo y con aficionados cuasi profesionales cuyo nivel no tiene nada que envidiar al de un profesional, incluso me he encontrado con talentos innatos para el deporte y luego esta Miguel... 









Todo empezó unos días atrás cunado me llegó su propuesta por mensaje - "Te vienes a Totana en mi coche el domingo a las 6 de la mañana... Para ascender el Collado Bermejo???"  Ninguno de los dos habíamos subido antes, al menos en bicicleta, pero ambos teníamos ganas de hacer algo así, la otra opción sería salir desde casa y clavarte mas de 150 kms con un puerto de categoría especial de por medio, así que, la ocasión era inmejorable, ambos con familia y responsabilidades eramos conscientes de que el madrugón merecía la pena... y tanto que así fue.

Llegamos al precioso pueblo de Alhama cuando todavía estaban asomando los primeros rayos de sol, el tiempo justo de preparar las máquina, los atuendos de batalla, agua, geles y demás enseres necesarios, tras lo que comenzaron nuestras primeras pedaladas.



Ya desde un principio, conscientes de lo que nos esperaba, mas de 25 kms subiendo, llevamos una ritmo relajado, el momento así lo pedía, ya que las vistas a esas horas de Alhama vista de los primeras curvas de la subida, no tienen precio.

No había opciones, decidimos subir juntos, habíamos venido juntos e íbamos a coronar juntos y así fueron cayendo los primeros kilómetros, las primeras curvas, serpenteantes trazados de curva tras curva, que nos dejaban asombrados de lo bonitos que eran. Esto puede sonar raro, pero solo lo entenderás si te apasiona este deporte, si eres de los que captura ese fotograma en tu memoria que está compuesto de una curva seguida de su contracurva con la luz de las primeras horas de la mañana incidiendo lateralmente, haciendo que las diferentes inclinaciones de la calzada se perciban claramente y el juego de luces resalte el contraste del asfalto y las líneas dibujadas en el, disfrutando cuando te imaginas visto desde atrás, apretando las bielas de tu bicicleta pedalada tras pedalada... si, nos gusta.

Los primeros kilómetros fueron muy relajados, nos encontramos con muy poca gente, nos dimos el gusto de poder ir hablando y comentando el paisaje, yo de vez en cuando le animaba, le recordaba donde estaba subiendo y que estábamos pisando el mismo asfalto que habían pisado grandes leyendas como el desaparecido Marco Pantani "il Pirata", así, poco a poco, llegamos al Centro de visitantes de Ricardo Codorniu.  



Miguel quiso, con muy buen criterio, parar medio minuto y tomarse un gel allí, no había prisa ninguna y eso pudo marcar la diferencia de poder o no poder llegar a la cima. A partir de ese punto, la cosa ya empezaba a apretarse un poco, atrás quedaron ya las rampas del 9% y comenzaban a asomar algunas del 12 y las tan temidas y deseadas curvas de herradura, esas con las que se salvan grandes desniveles y que a los ciclistas nos gustan tanto puesto que ellas, las bicicletas parece que incrementan su peso en varias decenas de kilos.


Ya se divisaba el Collado Bermejo, unas últimas curvas y allí nos pusimos, algo mas de 20 kms en una hora y cuarenta y ocho minutos, pero no hubo descanso, conforme llegamos, giro a la derecha y afrontamos la subida al EVA 13, a eso habíamos venido, a apretar los dientes.




En ese momento ya se acabó el paseo, ciertos desniveles ya no te permiten ir de manera relajada, la bicicleta al fin y al cabo no sube sola y los desarrollos de las bicis de carretera no te permiten llevar una excesiva cadencia en este tipo de subidas, así que las cosa se endurecía, pero Miguel, lejos de amilanarse, como gran ciclista, conocía el recorrido al dedillo, no había subido nunca en bici, pero sabía lo que nos esperaba, unos últimos 5 kms de auténtica lucha -"15% Miguel, dale duro!", comencé a animarle toda vez que me fijé en su cara y pude darme cuenta de que iba sufriendo, apretando los dientes mientras agarraba el manillar y se batía ne duelo con cada martillada de bielas.


Pero ahí, en los momentos de duda, de flaqueza, cuando las fuerzas comienzan a volar, a desaparecer y te asalta la tentación de abandonar, tan sencillo como echar pie a tierra y descansar unos segundos, nadie te va a increpar nada, no eres ningún profesional, no pretendes ganar el campeonato del mundo, no hay reglas, solo quieres subir, solo en esos momentos es cuando aflora el verdadero gen de superación, eso que nos engancha a volver y a seguir sufriendo gratuitamente, cuando toma forma nuestra pasión por lo que hacemos, sea lo que sea.



a ritmo constante, cual arroyo que transcurre horadando la roca despacio, sin prisa pero con la fuerza de la perseverancia, Miguel vio su sueño cumplido, no sin antes haberme pegado tres o cuatro gritos para que me callara y dejara de animarle, cosa que es completamente comprensible cuando vas en estado de concentración absoluto para no dejar de pedalear, cuando tus fuerzas van tan justas que el mero hecho de pararte y bajar de la bici te supone un esfuerzo brutal, pero en esas situaciones no puedes dejar de animar, aunque te grite y te pida que te calles, sabes que lo necesita, lo se porque lo he vivido, he estado a punto de bajar la marcha en algunas subidas y gente como mi cuñado, Fulgen, Benji, me han animado para seguir dando pedales y también los mandaba a la mierda pero... necesitaba esos ánimos, así que me daba igual, yo había decidido llevar a ese jabato hasta su cima deseada y por su cara sabía que iba sufriendo y mucho, no podía dejarle colgado a dos kilómetros de su sueño.

Cima! Una cima impresionante, un puerto de los de verdad, nada mas y nada menos que 25 kms de subida, todo un lujo en la puerta de casa, un templo que espero sea conservado como se merece por todos nosotros, aunque he de decir que algún gel de pseudopro me encontré por ahí tirado, mal señores y señoras, mal.

Una vez coronado el pico, nos dirigimos hacia Totana, la idea era volver por el mismo camino hasta el coche pero decidimos a última hora bajar por ahí y enfilar el trasvase hasta Alhama de Murcia y que maravillosa idea, primero por el regalo que la naturaleza nos dio al mostrarnos un zorro a menos de dos metros que se nos quedó mirando, precioso y luego, por la maravillosa carretera de Santa de Totana, creo que ha sido la vez que mas he disfrutado de esa sensación de desplazarte sin hacer ruido, de deslizarte por el asfalto tumbando curva tras curva bajo unos imponentes pinos por los que la luz del sol pasaba humilde para iluminar una carretera preciosa, que manera de disfrutar.









Y así llegamos al coche, tras 62 kilómetros por Sierra Espuña, una ascensión en la que he aprendido mucho, he disfrutado mas y en la que he sido testigo de lo que el amor por este deporte puede conseguir de cada uno de nosotros, porque, el mundo está lleno de pros con sus tiempos, sus segmentos, carbono y pesos pluma, pero tal vez necesitemos mas soñadores, mas exploradores de la épica, apasionados como Miguel que simplemente quieren disfrutar de lo que hacen. Bravo Miguel, eres un crack!











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