sábado, 20 de agosto de 2011

Pasión sin mas.

Carolina suena nuevamente en mi despertador, es mi canción favorita, cierto pero empiezo a odiarla, no son mas que las cinco y media de la mañana. Piloto automático, desayuno mis tostadas con el café, el zumo y unas galletas, me lavo los dientes, aseo diario y antes de abrir los ojos me veo saliendo de la cochera encima de mi eterna compañera.
El aire frío de la mañana me corta la cara, solo se escucha el rugir de los tubulares en contacto con el asfalto. Antes de pensarlo mejor subo un par de piñones y cojo rumbo a portman, mejor no reflexionar de si tiene sentido o no pedalear a estas horas. Ya comienzo a sentir calor en las piernas lo que significa que pronto el resto del cuerpo entrará en calor.
Al fondo se divisa la subida, son las seis y media, mis pulsaciones ya entran dentro de un margen normal y comienzo a notar como mis pulmones se ensanchan lo suficiente para alimentar las necesidades de esa máquina tan precisa a la que llamamos cuerpo humano, me pongo en píe, bajo un par de piñones para endurecer la marcha y acelerar el ritmo de subida, mis oídos dejan de captar información, se colapsan con el sonida de la entrada y salida de aire en mis pulmones, las primeras gotas de sudor que se deslizan por mi frente coinciden casualmente con los primeros rallos de sol calentando mi cara mañanera. Una tras otra, una tras otra, solo pienso en dar la siguiente pedalada, una tras otra, sincronización máxima respiración-pedaleo-balanceo y lo que viene ahora ya lo conozco, es la gran pregunta con esa tan brevísima respuesta ¿Porqué sufro de esta manera subiendo día si día no estas carreteras? Muy fácil, pasión.

Publicar un comentario