jueves, 25 de noviembre de 2010

Breve crónica Segunda parte.

Hay solo un momento, un punto de inflexión para un ciclista, ese en el que percibe como todas y cada una de las fibras de su cuerpo le indican que se acerca al límite, que solo una simple aceleración por leve que esta sea, puede provocar el vaciado total de sus depósitos, en ese mismo instante es cuando el ciclista apuesta, mira sus cartas y escucha el pálpito de su corazón, latiendo a mil por hora "un poco mas, puedes un poco mas" y es ahí al final de la subida donde se ven momentos épicos en este deporte.
Llegando al final de la subida al Algarrobo, levanto la cabeza y pienso en que no es menester darlo todo en esta subida, no sabemos lo que nos espera mas allá, me siento y muevo los pedales intentando bajar el ritmo, no es posible bajarlo mucho mas, creo que el siguiente escalón es parar, observo a mi antiguo compañero de batallas separarse metro a metro, pedalada a pedalada, no puedo seguirlo, pierdo la cabeza por unos instantes y me vuelvo a poner de pie sobre los pedales, el quemazón en las piernas me dice que no, sientante y aguanta. Unos metros y coronamos esa montaña luego viene la bajada, ahí recuperaré.

Y así fue, solo era cuestión de apretar un poco los dientes, ahora viene el relax, una bajada de pista, para recuperar un poco y echarte algo a la boca, no sin levantar la guardia, estas pistas tienen un factor de peligro, te relajas en las rectas y luego las curvas te pueden dar una sorpresita. Disfrutas del aire en la cara durante unos minutos, me permití el lujo de bromear con intrepido chaval cuya montura quiso desbocarse por un momento, todo quedó en eso, un simple susto y risas, continuando con una breve charla, que sin conocernos, al unirnos una misma meta, se crea cierto lazo y la conversación no falta.


Pero el relax dura poco, en la salida de una curva asoma timida pero con rabia, una rampa que en esa situación de relajación puede te muerde y envenena las piernas, es lo que pasó, al acercarnos risas y comentarios pero al instante un silencio solamente roto por el ruido de las manetas y la cadena subiendo piñones y saltando platos, al menos mis piernas parecen piedras de granito en ese momento, pero de una manera tan literal que dudo exista circulación sanguínea, el dolor dura poco, apenas unos cientos de metros nos separan de la cima y en ese momento se puede ver el mar desde allí! la vista es preciosa, sobre todo cuando vienes de sufrir, parece que el mar es mas azul y si pudieras desde ahí te tirabas de cabeza al agua, bajo la mirada y al final de la bajada el avituallamiento!

Por un momento olvidas el cansancio acumulado y solo piensas en esa mesa tan bien preparada, dátiles, plátanos, naranjas, bebida isotónica, pasteles, agua, simplemente espectacular!! Tras echarme un datil increíblemente delicioso y repostar agua prosigo la marcha. Ahora viene lo bueno, desde mi montura puedo observar una señora trialera, pocos metros de longitud pero bastantes de desnivel.

Es ahí, es en ese instante cuando tus sentidos se ponen a doscientos por cien, eres capaz de percibir de un solo vistazo cada perfil del camino, cada piedra, raiz o montículo de arena y sin pensarlo te tiras, echas tu cuerpo hacia atras, tanto que llegas a rozar la rueda trasera, tocas los frenos con una sensibilidad extrema, cualquier exceso o defecto de presión en las manetas pueden hacerte dar con tus huesos en el suelo. Miro unos metros adelante y veo que hay campo abierto, suelto los frenos encauzo la rueda delantera por la trazada que en milésimas de segundo he escogido como la adecuada y adelante!!! Trialera superada.
De fondo escucho una voz que me anima, es el amigo de mi cuñado, Fulgen, fuerte como el solo, valora mi "técnica" pero dudo que se haya observado el alguna vez, pero su técnica no tiene nada que envidiar a la mía y encima de esa bicicleta se desliza sin problemas por la trialera que ahora a mis ojos no parece tan complicada, seguimos la marcha juntos por mas trialeras similares. En la última de ellas me encuentro a compañeros de batalla con pie a tierra, nadie les puede recriminar nada, este deporte es así, a nadie se le caen los anillos por no tirarse por una trialera, tras superar a pie la misma, considero apropiado dejar paso al chaval, va mas rápido, me despido de el y allí se va, haciendo un caballito, talento nato.

Tras un rato de bajadas y subidas breves pero intensas comienza el periplo por la rambla del valdelentisco. Voy rodando solo, en un principio rápido, mi cuerpo ya empieza a sufrir el desgaste, ya son mas de treinta y cinco kilómetros de pedaleo continuo a ritmos que en ocasiones superan mi limite, pero por esa zona se rueda bien en principio, algo no me cuadraba, recordaba mentalmente el perfil de la marcha y recordaba un segundo pico, cual sería, no puedo subir el ritmo, tiene que quedar una subida y además dura, tras unos kilómetros rodando solo, cada vez me cuesta mas, aparentemente no hay inclinación pero no consigo encontrar un desarrollo adecuado, da la sensación de que alguien tira de mi y no por delante precisamente, pero para mi sorpresa, veo como dos chicos me adelantan, me fijo en el desarrollo de uno de ellos y lleva el plato pequeño!!! ¿Será verdad que hay mas inclinación de la que aparenta y en conjunto al terreno cuesta tanto rodar? Decido probar, no me quedan muchas mas cartas en la manga, estaba empezando a pensar que mi cuerpo no deba mas y solo de mirar la distancia que me quedaba se me caía el alma al suelo. Efectivamente, para mi sorpresa comienzo a coger un ritmo, aunque parezca absurdo, para nosotros los ciclistas, es algo vital, encontrar tu ritmo puede suponer una diferencia abismal de sensaciones, te puede llevar incluso hasta el abandono, la diferencia entre tu ritmo y el de el compañero puede ser tan leve que resulte inapreciable pero, se nota, creedme. Y así recorrí gran parte de esa rambla, por ella me encontré compañeros estirando, comiendo y diversas necesidades fisiológicas. Pero lo mas sorprendente fue ver a lo lejos un culotte rojo, es mi amigo, aquel con el que comencé la primera ascension y al cual perdí de vista! Eso es algo que sin llegar a una explicación hace que salgan fuerzas de donde no tienes, ese afán sano de superación entre colegas, por el cual no existirían estos momentos épicos, te impulsa a subir tu ritmo cuando no hace mas de cinco minutos lo considerabas imposible.
Me pongo a su altura poco a poco y lo saludo, le animo a que me siga, parece que llevo mejor cara que el, pero al final cada uno decide su batalla, este deporte esa sí, te la juegas varias veces pero por lo general casi siempre te la juegas todo a una.

Continuo mi periplo dejando a mi amigo atrás y me encuentro con otro compañero de batalla, ya lo había visto antes, mantuvimos un toma y daca continuo bajo el silencio de la rambla, al final su ritmo fue mejor pero ahí lo veo, lo atisbo en lejanía y detrás de el lo que va hacer de esta ruta una ruta épica, al final de la rambla una rampa de una par de kilómetros, los cuales antes de llegar a ellos ya susurran en el aire "Dolor, dolor!!!"

Es el momento de meterlo todo, no tengo mas estrategias no hay mas opciones, me estoy jugando la última subida, esto si cuadra con la imagen mental del perfil, el pico que buscaba ahí está. Comienzo a subir , veo al compañero de batalla cerca, aprieto los dientes mientras detrás escucho como alguien confiesa no poder mas, a su lado una voz de ánimo le da instrucciones "baja el plato, mete el molinillo y no pares de pedalear" así se sube un puerto, sin parar de pedalear, a la velocidad que sea, pero nunca pares, nunca.

La sensación de quemazón en mis piernas es espectacular, si la cuesta llega a medir diez metros mas caigo redondo al suelo y una visión ilumina mi cara, el segundo avituallamiento!
Aquí si que llegué destrozado, agotado sin nada mas en las piernas, me tiro como un loco a hidratarme y a comer algo, pregunto a la amable gente de la organización como es el resto y me responden que todo cuesta abajo una sonrisa dibuja mi cara sin saber lo que me esperaba, tras unos primeros kilómetros de descenso suave comienza una cabalgada para mi dura como nada en este mundo. No quedándome fuerzas comienzo a pensar que no voy a llegar, cada pedalada me suponía un infierno, rodando solo por esos caminos parece que el viento te para, que las piedras te frenan y que tu montura pesa cien kilos mas. Consigo ponerme a rueda de alguien que parece haberse guardado algo para el final y va un poco mas fresco que yo, pero le dura poco, lo dicho, llanuras impredecibles. Llegamos a un puente que cruza la autovia y ahí vivo un momento de paz increíble, al bajar del puente asfaltado me permito el lujo de ir sin manos durante unos metros y disfrutando del aire en mi cara, a estas alturas cualquier estímulo te anima.
Miro el cuentakilómetros y solo quedan cinco, meto plato y empiezo a rodar, como si fuera un crontrareloj en la que me juego algo, como si me fuera la vida en ello perder unos segundos, me acoplo a mi montura y empujo los pedales, solo puedo empujar hacía abajo, mis piernas ya no traccionan, el tirón de subida ya empieza a llamar a los temidos calambres, de eso si me acuerdo y tengo que evitarlo.

Cuando voy rodando escucho el sonido de un neumático traccionar contra el camino, ese sonido que denota fuerza y ritmo, eran dos veteranos, gente de la antigua escuela, que suban mas o menos fuerte, bajen con mas o menos pericia, el llano no se lo quita nadie, son muchos kilómetros entre las piernas. Mi intento de ponerme a rueda dura entre cinco y diez segundos, me permito el lujo de hasta sonreír al ver mi escasa fuerza.

Ya a lo lejos puedo ver la meta, aquí es cuando el ciclista apaga la máquina y se olvida de todo, de su cansancio, de su dolor y saca todavía algo de su interior que alimenta sus últimas pedaladas para llegar a meta como si fuera el primero de los kilómetros, con fuerza y firmeza orgulloso de la proeza que en mayor o menor medida no dejar de ser una proeza.


Mi paso por meta aunque humilde dado mi puesto, para mi significa mucho, miro hacía arriba y veo el arco de llegada, no es una simple meta, es mi primera meta después de mas de 8 años sin montar y me doy cuenta de cuanto lo he echado de menos, no solo el paso por meta, en realidad es lo de menos, si no todos y cada uno de los kilómetros de esta marcha y de todos los caminos que he recorrido y por recorrer encima de mi montura, que nunca me ha fallado y estoy seguro que no lo hará nunca, está mayor ya pero la rústica sigue dando la talla.

En la zona de llegada descansan ya mas de cien corredores con los que comienzo a compartir opiniones y a recargar las reservas de mi cuerpo que están por debajo de cero, un dulce y reconfortante beso de mi chica y a sentarse a disfrutar. Poco después llega mi cuñado, el cual perdí de vista al principio y si la marcha llega a tener unos pocos kilómetros mas me hubiera cogido y seguro que superado, es un gran ciclista lleno de fuerza y juventud, ya vendrá otra y esa historia será contada con el mismo entusiasmo que esta.


Con esto solo quiero reflejar lo que ha supuesto esta marcha para mi y solo espero haberte transportado por momentos a esos caminos, que por un instante hayas respirado ese aire fresco y sentido ese dolor en las piernas mientras subias esas cuestas conmigo, porque al fin y al cabo si estuviste allí como si no, si eres ciclista y estás leyendo este final sabes lo que te digo y desde el primer momento tu mente te ha llevado allí.

Un abrazo compañeros de batalla.



Fotografias by Marco Alc©raz
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